“Mi mamá era una mujer de colores”
Esa fue la frase con la que, al pie de su tumba, mis labios iniciaron aquellos párrafos de despedida en una tarde de septiembre del 2011. ¡Se nos fue en cuestión de 24 horas! Ella decía que para morir solo había que estar vivo. Y guardaba en su billetera un papelito con una frase que rezaba “No hay principio ni fin, sólo una eterna pasión por la vida”. Ahí, frente a su ataúd y la tierra fresca que pronto lo cubriría, tuve la certeza de que su muerte no podía ser en vano.
Su muerte repentina me cambió para siempre, pues entendí que la vida es hoy. Cuatro años después nació Francesca Arati como tributo a aquella mujer de colores convirtiéndose en un homenaje a la vida misma. Siempre me preguntan que si así se llamaba ella…y en cierta forma sí: su segundo nombre era Francisca y realmente lo detestaba. Yo bromeaba con ella cuando se enojaba por algo y le decía “Francis, vení para acá…” ¡y se enojaba aún más! Para poder reconciliarnos después le decía que su nombre era hermoso, que cuando se pensionara se iría a vivir a Italia donde la llamarían Francesca, entonces se reía y soñábamos juntas con nuestra vida en La Toscana…Y el Arati es un ritual hindú que simboliza el paso de la oscuridad a la luz, y es también el segundo apellido de mi bisabuelo materno quien vino a Costa Rica desde Génova, Italia, escribiendo así las primeras paginas de nuestra familia.
Entonces, ¿caminamos juntos desde acá?
Entonces, ¿caminamos juntos desde acá?
